Me pasó en Irlanda. No fue con una pelirroja borracha. Fue con una pelea.
Porque los días sin acción son perfectos para ajustar la mira.
Caminaba por Temple Bar, en Dublín. Todo era cerveza y descontrol.
Los bares petados de pelirrojos gritando, desbocados por una pelea que parecía ser religión local.
Un tal McGregor, el héroe de la isla.
El sonido de Fontaines D.C. vibraba entre pelea y pelea, como si todo tuviera que ver con todo.
Pedí una Guinness a empujones, donde mi altura ayudó…
y…



