La geisha que me salvó…
y el beisbol que evitamos a tiempo
Hace unos años conocí a una geisha de Ensenada.
Hermosa.
Piel tibia.
Sonrisa de esas que te desarma.
Nos dimos nuestros besos, pero algo no me cerraba.
Estaba en esa etapa donde salía con 2 o 3 amigas y quería ir despacio.
Elegir bien.
Ella quería cenarme, como diría un amigo…
Pero yo algo sentí. Intuición, quizás.
Y me alejé. Con respeto, pero me alejé.
Un me…



